
"A partir de entonces comprendí el peligro de centrarse solo en lo que no está. ¿Que pasaría si llegaba al final de mi vida y comprendía que la había pasado, día tras día, esperando a un hombre que nunca se me acercaría? Qué pena tan insufrible sería darme cuenta de que apenas había paladeado las cosas que había comido o visto los lugares en los que había estado porque sólo podía pensar en él, incluso cuando la visa se me estaba escapando de las manos. Y, sin embargo, si dejaba de pensar en él, ¿qué vida me quedaría? Sería como una bailarina que se ha pasado ensayando desde la infancia una representación que nunca llegaría a tener lugar".
"Memorias de una geisha", Arthur Golden.
Dedicado al hombre que nunca conocí, pero que desde la distancia daba sentido a mi vida.
















































